Es casi imposible hacer paralelos entre Cuba y Estados Unidos, porque son dos países que se mueven en ondas tan diferentes. Los 180 kilómetros entre Cuba y Key West, alejan más a Cuba de Estados Unidos que Taiwán o Australia.
Claro que factores ideológicos tratan de acercar esas líneas paralelas.
Ningún presidente de Estados Unidos tiene el poder sobre su sociedad que tiene el mismo presidente cubano, ahora cambiado de gorra por razones imperiosas. De hecho aquellos vienen y van.
Hay un abismo entre el tramado legal de Cuba y el de Estados Unidos. Desde la tipificación del delito, hasta de las atribuciones de jueces, congreso, poder ejecutivo. En el medio de la Discriminación Racial, un negro sentado en un asiento de blancos, es un criminal. Ya imagino la transacción, negro criminal por mal sentarse , se canjea por blanco que asesinó una familia.
Cualquier agente cubano puede comprar las mismas antenas que supuestamente Gross entró a Cuba, y regalarlas. El FBI ni se inmuta, ni hay juez que acepte esa prueba criminal. Como aceptar que un negro no se puede sentar en el asiento que más le venga en gana.
Todavía, muy a pesar de insinuaciones inmateriales del mismo Fernando, no sabemos qué antenas y cómo Gross las entró al país, recordando que a la prensa extranjera no la dejaron entrar al “juicio”.
Después, Estados Unidos es el %99 de la política exterior cubana, mientras que Cuba no ocupa un segundo al mes en la agenda de Obama o Hillary. Por eso acá llegan figuras periféricas como Carter o Richardson, sin peso ejecutivo e ínfimo político.
La pelea de Gross es familiar y sin apoyo interno. Los Cinco tienen todo el respaldo del Gobierno, y toda una red de apoyo dentro de Estados Unidos.
Sería un canje de peras contra martillos.