La Inmigración Cubana

El tema migratorio es muy interesante. Varias veces he planteado algo  que ha permanecido, como lo es, incontestado.

La migración es de lo peor a lo mejor.

No es el ser humano tan imbécil de dejar algo mejor en grandes grupos.

Los españoles e italianos inundaron Latinoamérica en épocas de vacas malas. Igual se movieron muchos colombianos a Venezuela, o van peruanos a Chile o Venezuela o bolivianos a Argentina.

Ahora muchos venezolanos van a Panamá, y hasta algunos a Dominicana, además de Estados Unidos y Europa.

Pero los cubanos tenemos un patrón único.

Vamos a todos los lados. Hay Cubanos en cada uno de los países del nuestro continente. Pero por millares.

No hay mejor muestra del “paraíso terrenal” que claman los revolucionarios.

No hay mejor muestra de la falacia de esa Latinoamérica tan raída que dibuja la propaganda comunista.

Donde quiera hay problemas, y cosas buenas. Hacer un listado de las cosas malas en cada lugar es un buen ejercicio, hacerlo de las cosas buenas, también. Ponerlas juntas ya es mucho más complicado.

Esa decisión dolorosa de abandonar su gente, su tierra la toma el emigrante con las dos listas en sus manos.

Es ahí cuando hay un verdadero despliegue de sabiduría humana.

No bastan datos por los pelos de la UNESCO, discursos del “Héroe” del Viernes Negro, no bastan Mesas Redondas ni títulos de Doctor en Ciencia, no basta el orgullo de una generación que tiró piedras, fue a Campismo y se trepaba en los árboles, no basta llamarte mafioso o recalcitrante, no basta chantajearte con un no retorno o no dejar salir a tu familia, no basta que algunos genios de Hollywood amen al Coma Andante, no basta vivir 79 años ni Tarjetas Blancas, para explicar porque tiene que haber cubanos viviendo en Santiago, Buenos Aires, Ciudad México, Río o Bogotá.

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